24 jul 2011
"Carta abierta a Daniel Alberto, el gran capitán"
Daniel querido, porque supiste dejar el alma por la gloriosa banda en la cancha, porque saliste campeón tantas veces, porque sos el defensor más goleador del fútbol argentino, porque fuiste el gran capitán, porque levantaste la primera copa mundial argentina, porque nos diste la oportunidad de jugar la otra dejando la vida en la última bola contra Perú, porque les abriste camino a los jugadores argentinos en Europa, porque fuiste embajador saliendo campeón allá también, porque volviste al "Millo" para retirarte, porque fue la única camiseta argentina que vestiste (no como otras "glorias" como el Beto, entre otros), porque asumiste como DT cuando las papas quemaban y saliste campeón.
Porque te cagaste a trompadas con los barras que tanto mal le hacen al Millo, porque compartiste tu magia haciendo DT al Tolo y a Sabella –uno fue campeón con River, el otro seguro lo será, pero ambos también fueron campeones en otros lados–, porque repatriaste al que ahora todos aman y nadie se acordaba de que existía: un tal Ramón que luego nos gritó una eliminación en la cara, porque descubriste y pusiste en primera a "nenes" de la talla de Crespo, Astrada, Ortega, Gallardo, Zapata, Higuaín, etcétera, etcétera, etcétera.
Porque luego fuiste a dirigir otros equipos (nunca en tu país contra tu River) y saliste campeón en México también, porque después fuiste a la selección a arreglar el cabaret que habían armado Basile y el 10 de la gentuza, porque la clasificaste una fecha antes ganando en Brasil, sin ayuda de nadie, ni de cafés veloces ni de efedrina; porque hiciste el mejor papel de un mundial del 86 para acá y, no conforme con lo detallado, volviste a tu amado club porque se lo habías prometido a "tu pibe" que ya no está con vos, a tu club que estaba en ruinas, en zona de descenso directo, totalmente vaciado, ganando en las urnas como corresponde, poniendo de tu bolsillo para pagar pretemporadas, arriesgando todo tu prestigio ganado con todo para perder, pero el amor pudo más.
Sólo puedo decirte gracias y pedirte disculpas de parte de tu pueblo ingrato, enfermo y de memoria corta. Así está el país, Daniel. Se dejan influenciar por los medios a los cuales les negás notas porque trabajan en las sombras para otros poderosos, los mismos que se callaban en la época de Aguilar, los cómplices, mientras Grondona les daba cabida, los voceros de la dictadura.
Ojalá esta desilusión de no poder salvar a nuestro amado River no termine de quebrarte; si nadie pudo hasta ahora ojalá este inmenso dolor del "ya no poder" no lo haga.
Necesitamos a los pocos que quedan, a los verdaderos hinchas de River, como bien los llamás vos, a los que son capaces de hacerle frente a Grondona delante del mundo, de seguir laburando mientras los comecabecitasdébiles de los periodistas te matan por todos lados porque no les hablás... a los que dan la cara en el peor momento de la historia millonaria, esa historia rica que sin vos sería la de un equipo más.
Soberbio te llaman. Mirá, al que hace siempre lo critican; mejor no hacer nada y criticar de afuera, ¿no, capitán Beto? ¿No, Ramón? ¿No, Tolo? ¿No inmEnzo? ¿No, D'Alessandro? ¿No, Hernancito?
Pero ¿sabés algo? Sería increíble escuchar mañana que no sólo no te vas sino que además te autocontratás como DT y sos presi, mánager y DT... ¡qué lindo sería! Je, je... se mueren. Dejá, dejá , me dejé llevar.
No queda mucho del club, te debe doler el alma como a mí. Los gritos contra tu nombre ya no me afectan, me convencen aún más de en qué mundo vivo y qué convicciones quiero seguir. Nadie te da una mano, esperan que caigas para comerse los restos.
Sólo vos podés llevarnos de vuelta, apoyado en el alma de Matías (el heredero gran capitán), adonde pertenecemos, a pelear con el equipo de este pueblo para que vean "qué distintos somos".
En definitiva, no puedo pedirte más, me diste todo cuando era pibe, me lo reafirmaste en mi adolescencia cuando moría por River, me lo seguís demostrando cuando ya tengo una familia y un pibe que lloró como loco ese domingo sin entender qué pasaba, por qué el gigante caía, por qué la gente rompía nuestra casa, por qué puteaban nuestro emblema. Por suerte ya no lloro, ya estoy curado de espanto. Pero amo a River y futbolísticamente mi corazón está destrozado.
Carta al lector publicada en el diario Río Negro
Federico Fuentes, DNI 24.157.960 - Neuquén
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