Ella abre el ropero y mira otra vez los zapatos, por última vez. Se acerca al espejo y se mira, indecisa. Por un momento se toma la cabeza, cubriéndose los ojos, intentando recordar el lugar. Se repite las calles, una y otra vez, pero no hay caso, ninguna imagen precisa le viene a la memoria. Vuelve a mirarse al espejo, de frente y de espalda. Sí, está bien. Vamos.
Afuera está empezando a oscurecer, y la idea de ir le da un poco de miedo, no sabe lo que le espera, pero la orden fue precisa; "Te tienen que ver ahí." Piensa que Marcelo estará allá, eso la tranquiliza, y se sube al auto.
Miraba por la ventana, fumando un cigarrillo, como hace siempre, cuando le dieron la noticia. Casi inmediatamente golpean su puerta y le reiteran la noticia. Parece que es grave. Repasa los temas que tenia pendiente; una amenaza, una reunión que se filtró, los posibles cortes de ruta..no mucho más. Recibe la información casi con la satisfacción de poder librarse de estos temas. Sigue escuchando mientras camina fuera de la oficina, alguien le recuerda que se abrigue, "va para largo." Poco le dura la tranquilidad, parece que hay muertos, y no son pocos. Tampoco son muchos, pero demasiados para una ciudad que nunca tuvo grandes sobresaltos. Se sube al auto, y sigue escuchando. Alguien comenta que está la televisión nacional, y eso no le gusta. Trata de no demostrarlo, pero su boca toma una expresión distinta, de asco. Traga y sigue escuchando. Siente su celular vibrar en su mano. Es él. Atiende mientras intenta recordar toda la información que recibió en los últimos minutos. Le dice algunas cosas, pero solo recuerda una; prudencia. Trata, de nuevo, de no demostrarlo, pero la conversación lo deja tranquilo -Si alguien sabe de prudencia soy yo. Por eso sigo acá.-
Se empiezan a escuchar las sirenas, y hasta se ven las luces girando. A medida que el auto avanza, la marcha se hace más lenta, hay mucha gente -demasiada-. Gritan, putean. Pasan. Más cerca las cosas no están mejor. Algunos se acercan y le empiezan a dar información. Él quiere entrar, pero no se lo recomiendan. No son muchos, cuatro o cinco, todos hablan a la vez, algunos piden, otros le cuentan lo que acaban de ver, como si él se los pudiera borrar de la memoria. Escucha gritos alrededor, gira y ve a los periodistas extendiéndole el micrófono y exigiendo respuestas que él no va a responder pero para las que tiene una respuesta. Mira de nuevo, hasta que ve al medio nacional. Se pasa una mano por el pelo y se acerca. Los cuatro o cinco se quedan hablando solos por unos segundos. Deciden volver a trabajar.
Él sabe, desde que se bajó del auto, que no va a decir nada. Habla, seguro, tranquilo. No da nombres, ni números, no dice nada y los medios los escuchan. Está tranquilo. Por algo está donde está.-
El patio es un descontrol. Los chicos gritan, algunos ya empezaron a jugar al fútbol. Él los mira, cansado, y les dice que empiecen a trotar. A los pocos minutos los llama, separa dos equipos y designa un árbitro. A jugar. Se sienta a un costado y repasa las cosas que tiene que hacer al día siguiente. Lo sorprende Diego, el cinco rápido del equipo con pecheras - No hay papel profe- Lo mira confuso -En el baño-. Enseguida se pone de pie, no es la primera vez, pero la idea de salir unos minutos lo reconforta. Diego lo acompaña, ya que salen, quiere comprar algo para comer. Grita al montón, que no escucha, que ya vuelven, y cruzan la calle. Diego no para de hablar, habla de zapatillas, las que tiene, las que quiere, las mejores. Él lo escucha pero sigue repasando los papeles que tiene que presentar mañana en el Consejo. Entran al súper, hay menos gente de la que imaginó. Se van hacia el fondo, de repente Diego salta, se agarra la cabeza - Me olvidé la billetera-. Antes que diga algo, sale corriendo hacia afuera. Él lo ve salir, y retoma camino a la góndola de limpieza. Agarra un paquete de papel, sin mirar la marca. Se dirige a la caja mientras manda un mensaje a su mujer -Estoy en la coope. Llevo algo?-. Llega a la caja, espera en la cola con el celular en la mano. Le falta poco y se pone nervioso porque sabe que algo falta. -Hola, efectivo?- Eh si -Beep - Celular: "Leche." -Yo sabía- Eh, me esperás un segundo? Ya vengo. La cara de la cajera no demostro aprobación, pero no dijo nada. Salió corriendo para el fondo, empujando algunos carros. No llegó a entender qué pasó después. El ruido explotó y en un segundo, la oscuridad. Diego, en cambio, si entendió. Vió el acordeón, sintió el ruido y los vidrios explotar, su instinto lo sacó de ahí.
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